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-=Jaime Siles=-

"Las dunas de su cuerpo y esas manos
que la luz difumina en el papel..."

*******************

Reseña biográfica

Poeta español nacido en Valencia en 1951.
Doctor en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca, fue becado por la Fundación Juan March, ampliando sus estudios en la Universidad de Tübingen. Trabajó luego como investigador contratado en el Departamento de Lingüística de la Universidad de Colonia. De 1976 a 1982 fue profesor de Filología Latina en las Universidades de Salamanca y de Alcalá de Henares. En 1983 obtuvo la cátedra de Filología Latina de la Universidad de Laguna,Tenerife. Ese mismo año fue nombrado Director del Instituto Español de Cultura en Viena y Agregado Cultural en la Embajada de España en Austria.
Catedrático Honorario de la Universidad de Viena, ha impartido clases también en las universidades de Graz, Salzburg, Madison-Wiscosin, Bérgamo, Berna y St. Gallen. Actualmente es Catedrático de Filología Latina de la Universidad de Valencia.
En 1973 obtuvo el Premio Ocnos, en 1983, el Premio de la Crítica y en 1989 el Premio Internacional Loewe de Poesía. Ganó además la 1° edición del Premio Generación del 27.
De sus libros de poesía se destacan entre otros: «Canon»1973, «Alegoría» 1977, «Música de Agua» 1983, «Poemas al revés» 1987, «La Realidad y el Lenguaje» 1989, «Semáforos, Semáforos» 1990, e «Himnos tardíos» en 1990.

*******************

ACIS Y GALATEA

Ese cuerpo labrado como plata,
ese oro, esa túnica, esa piel,
ese color que tiñe la escarlata
corola del pistilo de un clavel;

ese cielo de cárdenos espacios,
esa carne que tiembla en el vaivén
de las rodillas y de los topacios
nos dicen que este cuadro es de Poussin.

El resplandor del sol en los minutos
del gris del agua sobre el gouache del gres,
el césped de corales diminutos
que puntean las puntas de sus pies;

el placer de los vicios absolutos,
el maquillado estambre, el cascabel
de sus tacones, los ojos resolutos
disueltos en vidrieras de bisel;

las dunas de su cuerpo y esas manos
que la luz difumina en el papel
de este poema dicen que eran vanos
ese oro, esa túnica, esa piel.

La chica que los mira aquí a mi lado
es más real que el lienzo y que el pincel:
hace un gesto de geisha emocionado,
más certero, más cierto, más rimado
de rimmel que la estrofa del clavel.

El cuadro del museo que miramos
no está en la sala, ni en el Louvre, ni en
la Tate Gallery, el Ermitage o Samos,
y no es -ni por asomo- de Poussin.

El cuadro del museo que miramos,
Acis y Galatea, ella y él,
somos nosotros mismos mientras vamos
-ojo, labio, boca, lengua, mano-
sobre la carne del amor humano
ensortijando flores, cuerpos, ramos
de un verano mejor que el del pincel.

De "Semáforos, semáforos" 1990







BIOGRAFÍA

Mi ayer son algas de pasión,
luces de espuma.
Y una arena insaciable que devora
los cuerpos submarinos.
Un cielo blando donde beben
las palomas sin rumbo del estío.

De "Biografía sola" 1971







CANCIÓN DE LOS ESPÍAS CULTOS EN EL MOMENTO DE ENVEJECER

Mi vida a cambio de dos o tres cerillas.
Mi vida a cambio de sorbos de cognac.
Mi vida a cambio de dos o tres colillas.
Mi vida a cambio de este cul-de-sac.
Mi vida a cambio de litros de bencina.
Mi vida a cambio del cónico coral.
Mi vida a cambio del tul de muselina.
Mi vida a cambio de códices de cal.
Mi vida a cambio de luces opalinas.
Mi vida a cambio del cúfico cristal.
Mi vida a cambio de sienes serpentinas.
Mi vida a cambio del fuego en un portal.
Mi vida a cambio de túneles de mina.
Mi vida a cambio de cámaras de gas.
Mi vida a cambio del zinc de una bocina.
Mi vida a cambio del dado de este as.
Mi vida a cambio de nieve derretida.
Mi vida a cambio del ritmo de un compás.
Mi vida a cambio de carne atardecida.
Mi vida a cambio del cine al que tú vas.
Mi vida es esta cifra de la vida.
Mi vida es esta clave y este imán.
Mi vida es la pistola y es la herida
abierta por la ley de un alacrán.
Mi vida es recorrer las avenidas,
pasar por las fronteras como sal
disuelta en las mareas y crecidas
sin que una gota sienta el temporal.
Mi vida es un andar por las esquinas
y en los pasos de cebra atravesar
un semáforo rojo entre bocinas
y uno a uno los coches sortear.
Mi vida son el metro y el tranvía,
y el avión y el tren y el huracán:
son el paso a nivel sin guardavía
y el lapilli que lanza su volcán.
Mi vida es la partida de la luna
al póker de las lenguas y el disfraz
de todas las vocales y de alguna
consonante compuesta por el caz
de la garganta y de la galante
fonemática suma artificial
que los peligros ponen cimbreante
como un tallo de tersura vegetal.

Mi vida de después es la de antes.
Mi vida son el mapa, el telefax,
el télex, la pistola y el vibrante
telegrama enviado por las FAS.

Ahora que no haya nadie aquí delante,
ahora que me hago viejo nada más,
quiero tallar aquí como un diamante
este informe unívoco y cambiante
cifrado en una copa de cognac.
El parte de mi vida sí con arte.
El arte de mi vida en el compás
del tiempo que me parte cuando parte
de mi vida en el dado no es el as.
Mi vida es la película de Marte
que ponen en el cine al que tú vas.
Mi vida es el punto del que parte
la ácida nada que deja el aguarrás.

Hoy quiero recordar sólo el diamante.
Hoy quiero recordar sólo el final
de la mano que escribe con un guante
la plenitud total de aquel instante
borrado por la aurora boreal.
Que sus manos me digan el cuadrante;
el azimut, el cenit, el dial
del punto fijo e inmóvil con que Dante
pintó el tiempo en forma de sextante
el mismo día en que cumplió mi edad.
Quiero creer que soy aquel instante
que pintaba un poeta medieval.
Quiero creer que soy la consonante
estrofa de la aurora boreal.

Ahora que la sangre forma parte
de la bala que veo bajo el chal
y la camisa me tiñe con el arte
de la flor que se extiende por mi ojal
quiero decir el mudo teorema
mi vida cifrada en el poema
del espía que expía su final.

De "Música de agua" 1983








COMISIÓN DE SERVICIOS

En la orilla del Sena sé y no sé
si el autobús me lleva o la ballena
de Jonás me conduce al Quai d'Orsay.
La arena de los mares suena, suena.
Régates a Argenteuil de ClaudeMonet
se mueven en mis ojos y la arena
que pinta en los desiertos Guillaumet:
Henri Fantin-Latour hizo su Breda
de Rimbaud, de Verlaine. De Baudelaire
era el foulard sonoro de la seda
que bordaba en el aire aquel vaivén.
De todo aquel momento s6lo queda
lo que pienso sentado en el andén
mientras el autobús me dice que sí queda
El Oro de sus cuerpos de Gauguin.
El oro de sus cuerpos en la acera
son balandros que flotan en mi sien.
Son un mástil, las velas, la carena,
los veloces tacones de sus pies.
Los veloces tacones de sus pies
son las medias que suben, las caderas,
el collar en el cuello, las hombreras
con el bolso en el brazo como bies.
En un escaparate reverbera
una figura que es y que no es
o de carne o de lienzo o de cera
o la Gala del pintor de Cadaqués.
He de tomar un autobús. Y un tren.
Y un avión. Y un barco, por el Sena,
deja en el agua escrita la carena
de las quillas que pasan por mi sien.
Soy el avión y el barco y soy el tren.
Soy esta sensación que me encadena
con la cabeza llena, llena, llena
de imágenes y ritmos en vaivén.
Para que entiendas todo tú también
te escribo esta postal. Tú no la leas.
Has de venir aquí para que veas
con tus ojos mis ojos: note creas
que esta postal lo dice todo bien.
Si lo dijera todo, toma el tren.
Y, si no dice nada, una primera.
Y, si te dice algo, una litera.
Y, te diga o no diga, ¡ven!, ¡ven!, ¡ven!
Cenaré en la Embajada con las damas
y no en Maxim's. Te compraré Chanel.
No traigas camisones ni pijamas:
te cubriré de tinta y de papel
Tengo en la mesa cinco telegramas,
dos despachos urgentes y, en la piel,
resueltos todos los crucigramas
del diluvio a la Torre de Babel.
Si me llamas, hazlo por la mañana
de seis a siete, no de nueve a diez.
Estoy aquí al pie de la ventana
esperando el télex color grana
cifrado sobre el tacto de tu tez.
No me digas la clave: sé que emana
de la combinación del diorama
de música, de labios y de cama
con la carne inventada cada vez.
Como las letras, si, del anagrama
del saturnio que somos, ama, ama
estos signos que sobre las semanas
de tu cuerpo militan como grama
de mi vegetación sobre el cuartel
de la memoria, que tendrá sus canas
-tu cintura, tu zinc, tu cronograma-
en las olas de todas las mañanas
de la espuma que fui sobre tu piel.
Escrito por los días en las granas
pestañas y pistilos y ventanas
de la vidriera virgen del papel,
el oro de tu cuerpo se derrama
en tacto, en tinta, en texto, en ...


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